CENTRO
DE APOYO AL DESARROLLO INTEGRAL
(C.A.D.I.)
PSIQUIATRA PEDIÁTRICA
Avala por la asociación de pediatría de El Salvador |
Directora:
Dra. Margarita Mendoza Burgos
Psiquiatra Infanto-juvenil y General
Psicólogo médico y Terapauta de Familia
Miembro de la American Academy of child & adolescent Psychiatry
Situaciones que nos preocupan,
hechos que nos escandalizan, temores que nos invaden, actitudes ajenas que nos
molestan, problemas que presentan los hijos en su desarrollo o en su
aprendizaje...; la mayoría de las problemáticas sociales y educativas tiene una
estrecha interrelación con nuestra salud mental, tanto aquellas problemáticas
tangibles y evidentes, que vienen a ser como la parte visible del iceberg, como
muchísimas otras ocultas e intangibles, pero que son, en realidad, las que
provocan y sostienen a las primeras, constituyéndose en la parte sumergida del
iceberg.
¿Por qué esa estrecha interrelación
con nuestra salud mental? Simplemente, porque cada cosa que sucede o no sucede,
no lo hace por si sola, sino que hay una persona o un colectivo de personas que
la provoca directa o indirectamente, o que no la evita directa o indirectamente;
muchas veces ese colectivo de personas somos todos y cada uno de nosotros como
sociedad, como cultura. Hay, en definitiva, una actitud o condición mental de
alguien, o de muchos, o de todos; que hace que las cosas sean como son; y
depende del estado de salud de esas mentes que las cosas sean de una manera o de
otra.
Aunque actualmente el estigma
empieza a superarse poco a poco, cuando regresé al País hace catorce años,
después de haber estado en el exterior capacitándome en salud mental, encontré
que no se hablaba de estos temas. Los psicólogos, y más aún los psiquiatras,
eran los "loqueros". Hablar de salud mental equivalía a hablar del mundo de los
locos, como entendiendo que locos eran los que estaban fuera de la realidad y
eran ellos quienes necesitaban salud mental. Se suponía que los demás, por estar
“dentro de la realidad”, tenían una salud mental perfecta, y, por tanto, no la
necesitaban. ¡Qué forma de ver las cosas! ¿Acaso solo necesita aire aquel que no
puede respirar; o alimento aquel que no tiene para comer? La salud mental es
salud; y la salud, al igual que el alimento, el aire o el agua, se necesita
siempre. Y el problema no es solo tenerlo o no tenerlo, sino la calidad de lo
que se tiene. ¿De qué sirve tener agua, aire o alimentos si están contaminados?
La salud mental, aunque no se
pierda, también se contamina y se deteriora si no se cuida. Y cuando llega a
perderse, no suele suceder solo porque "a saber que pasó", sino que existe una
explicación relacionada con ese deterioro. ¿Y qué es lo que contamina o
deteriora nuestra salud mental?. Múltiples factores, frecuentemente
interrelacionados; fundamentalmente factores que tienen que ver con la dinámica
familiar y con modelos educativos inadecuados, y factores que tienen que ver con
la dinámica social, que también tiene componentes culturales y educativos. De
este modo, todo lo que sucede en el entorno familiar y social del individuo
influye en su salud mental.
¿Y cuáles son las consecuencias de
esa salud mental contaminada o deteriorada de la persona? Las consecuencias son
siempre negativas, y se proyectan en diferentes planos: el personal, el familiar
y el social. En el personal nos impide desarrollar a plenitud nuestras
capacidades, nos distorsiona los valores, nos eclipsa la sensación de bienestar
y de integración y armonía con el entorno y con nosotros mismos, y nos llega a
provocar actitudes dañinas contra nuestra propia persona. En los planos familiar
y social es causa de actitudes dañinas contra dichos entornos, que pueden
provocar desde el entorpecimiento de su dinámica normal, desequilibrio,
inestabilidad..., hasta su destrucción.
La dinámica sociofamiliar anormal
deteriora la salud mental, y a su vez, la salud mental dañada deteriora la
dinámica sociofamiliar. Como vemos, la interrelación es tan estrecha, que se
constituye en un círculo vicioso al que no es fácil encontrar el punto de
ruptura sin ayuda.
Las alteraciones psíquicas, por
pequeñas que sean, normalmente requieren de cierto tiempo para ser superadas,
que suele ser tanto mayor cuanta más edad tiene la persona, y tanto menor cuanto
más intenso sea el trabajo psicoterapéutico y, sobre todo, CUANTA MÁS
COLABORACIÓN SE ENCUENTRE EN EL MEDIO FAMILIAR Y EN LA PROPIA PERSONA; pero en
ningún caso pueden esperarse soluciones mágicas a problema alguno.
Por ello, muy frecuentemente es
fundamental un tratamiento psicoterapéutico, independientemente del
farmacológico, si fuera necesario, CONTINUO, CONSTANTE Y SERIO, en el que se
involucran profesional y consultante en un compromiso que va más allá del simple
intercambio del tiempo y la atención del primero por unos honorarios. En este
compromiso el profesional pone todos sus conocimientos y su capacidad para
conseguir óptimos resultados; y ello sólo es posible con la colaboración del
propio consultante, quien debe comprometerse a aceptar y seguir el
correspondiente tratamiento con total seriedad, en beneficio propio. La
experiencia demuestra que en estas condiciones, la probabilidad de éxito es muy
alta; de lo contrario, es muy limitada, con la probable frustración del
consultante y del profesional.
En el caso de niños y adolescentes
suele considerarse que las cosas marchan bien hasta que suena una señal de
alarma, y se cree que el problema es esa alarma. Al indagar sobre los motivos
que provocaros esa alarma suele descubrirse que desde mucho tiempo antes había
aspectos que no marchaban bien, pero que eran detectados, probablemente por
desconocimiento, de modo que cuando la alarma suena, el problema suele ser en
realidad un cúmulo de problemas interrelacionados unos con otros, que con el
tiempo han fraguado una estructura sólida difícil de remover. Por ello, es
recomendable para niños y adolescentes la realización de un psicodiagnóstico
completo para conocer cual es su capacidad, sus áreas fuertes y de dificultad, y
muchos otros datos que nos ayuden a orientar una posible intervención oportuna,
o, al menos, tener la seguridad de que de verdad las cosas marchan bien.
CADI es el centro donde desarrollo
mi actividad profesional, orientada a ofrecer esa ayuda desde una óptica
preventiva. No podemos hacer milagros, porque solo somos seres humanos, pero con
nuestra capacitación y trabajo, y la colaboración del propio paciente, solemos
obtener muy buenos resultados.
SERVICIOS
-
PSICOANALISIS
-
PSICOTERAPIA - Individual,
lúdica, de pareja, de familia y de grupo.
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TERAPIA SEXUAL
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MEDICINA PSICOSOMATICA -
(Ansiedad, asma, colitis, úlceras, migraña).
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PSICODIAGNOSTICO - Tests de
personalidad, de inteligencia y pedagógicos.
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ORIENTACIÓN PROFESIONAL
PROFESIONALES
ESCOLARES
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Refuerzo Educativo. Problemas
de aprendizaje, lenguaje, lectoescritura, dislexia, tartamudez, motrices,
hábitos de estudio, hiperactividad, etc.
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Refuerzo escolar.
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Estimulación de la
inteligencia.
FAMILIA
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Charlas y cursos educativos.
Escuela para padres.
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Educación sexual adolescentes y
adultos.
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Desarrollo de la autoestima y
cursos sobre psicología en general.
EMPRESAS
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Psicodiagnóstico.
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Psicología industrial (Charlas
sobre atención al cliente, comunicación positiva en la empresa, etc.)