¿Qué Es?
Todo el aparato digestivo está recubierto interiormente por una capa
denominada mucosa. La mucosa ubicada en el estómago y el duodeno tiene una
resistencia especial, debido a su contacto con sustancias altamente corrosivas
como son:
el ácido,
la pepsina,
enzimas pancreáticas y
la bilis;
encargados de descomponer los alimentos ingeridos en sus principios básicos para
que puedan ser absorbidos por la sangre y utilizados como nutrientes por los
distintos tejidos de nuestro organismo.
Cuando por una u otra circunstancia esta mucosa se lesiona, hablamos de úlcera
péptica que, según afecte al estómago o duodeno, se denominará respectivamente
úlcera gástrica o úlcera duodenal.
Esta úlcera es una herida más o menos grande que produce una solución de
continuidad de la mucosa. En ocasiones no llega a producirse una verdadera
herida sino que lo que aparece es una erosión superficial acompañada de una
inflamación: entonces estaremos ante una gastritis o una duodenitis, dependiendo
de su localización.
Causas
La demostración reciente de la relación de la úlcera péptica con la infección
gástrica por una bacteria flagelada denominada HELICOBACTER PYLORI ha
revolucionado la concepción de la enfermedad, su diagnóstico y tratamiento,
aunque no todas las ulceraciones gastroduodenales son debidas a dicha infección
(ni todos los infectados por esta bacteria presentan úlceras pépticas).
En condiciones normales existe un equilibrio entre los factores agresivos
(ácido, pepsina) y la resistencia de la mucosa para protegerse, mediante la
secreción de moco gástrico de su acción irritante. Este equilibrio puede
romperse por las siguientes razones:
Un debilitamiento de la mucosa o sus defensas, debido a determinadas sustancias
como pueden ser el alcohol, medicamentos antinflamatorios, aspirina, o paso del
contenido duodenal retrógradamente hasta el estómago.
Un aumento en la secreción de ácido o pepsina. La primera suele originar úlceras
de estómago y la segunda de duodeno.
Sintomas
Clásicamente los síntomas son estacionales, empeorando en otoño y sobretodo
en primavera, para aliviarse o desaparecer en verano e invierno.
Por lo general, cuando la úlcera se ha instaurado, el sujeto presenta un dolor
que se localiza en la parte alta del abdomen y que guarda un ritmo relacionado
con las comidas (clásicamente, aunque no es infalible, se decía que la úlcera de
estómago duele con éste vacío y calma al comer, mientras que la úlcera duodenal
presenta una relación inversa).
Es un dolor molesto y en general cambia el humor del paciente a la vez que
empeora con los estados de ansiedad.
Este dolor se acompaña de náuseas y ardor.
En ocasiones, provoca hemorragias de mayor o menor intensidad que mancharán las
heces de negro o se expulsarán con el vómito.
Sin embargo, aunque el dolor es un síntoma muy habitual, puede ser debido a
otras patologías o presentarse una úlcera en personas que no experimentan el
dolor.
Esto último ocurre en ancianos y en aquellas úlceras relacionadas con la ingesta
de analgésicos que lo enmascaran.
Riesgo
Alimentación pesada o picante.
Gastritis no tratadas.
Tabaquismo.
Estrés y preocupaciones.
Enfermedades graves que producen un importante estrés fisiológico, como
infecciones de la sangre o quemaduras extensas.
Trastornos de la actividad intestinal.
Medicamentos que lesionan la mucosa gástrica, sobre todo los antinflamatorios,
tanto no esteroides (aspirina, diclofenaco, oxicam, etc.) como esteroides
(cortisona y derivados.)
Prevención
Evitar la ingesta de los alimentos que provocan los síntomas y las comidas
demasiado copiosas.
Evitar la toma de medicamentos antinflamatorios, o proteger al estómago si estos
son imprescindibles; sobre todo en las personas predispuestas.
Diagnóstico
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico será emitido por el médico y será realizado a través de un
estudio gastroduodenal. Así, el paciente ingiere una papilla con un contraste
que se hará visible en las radiografías el estómago y el duodeno, proporcionando
una imagen de molde en la que se verá la úlcera.
Actualmente, se usa sobre todo la gastroscopia: se introduce a través de la boca
un tubo (de fibra óptica) del grosor de un dedo, que nos proporciona una imagen
directa del estado de la mucosa, del estómago y del duodeno.
Tiene la ventaja de ser más fiable y nos deja tomar muestras de la lesión y ver
si se trata de una gastritis, o un cáncer (que presenta imágenes similares
radiográficamente). Además permite confirmar o descartar la presencia de una
infección por Helicobacter Pylori, de gran importancia cara al tratamiento.
TRATAMIENTO
El tratamiento de elección dependerá de la existencia de infección por
Helcobacter Pylori o no.
Si hay una infección, el tratamiento irá dirigido a eliminarla, mediante la
administración durante dos semanas de una combinación de antibióticos y fármacos
antisecretores gástricos.
Una vez finalizado, deberá comprobarse, mediante una sencilla prueba en el
aliento (prueba que no puede emplearse para el diagnóstico inicial, al no ser
demasiado precisa), que se ha erradicado la bacteria:
Si esto se consigue, la mayoría de las úlceras curan definitivamente.
Si no se consigue, debe intentarse otra tanda de tratamiento, quizás con otra
combinación de antibióticos.
Si no hay infección, el tratamiento de posibles factores causales (toma de
antinflamatorios, estrés fisiológico o psíquico,...) y la administración de
fármacos antisecretores suele controlar los síntomas en pocas semanas, aunque en
este caso no se puede asegurar la curación definitiva.
En ocasiones, la úlcera puede provocar cuadros de mayor gravedad y
complicaciones que nos harán recurrir a la cirugía.
Complicaciones
Las dos complicaciones más graves de la úlcera derivan de su carácter de
herida:
Si ésta alcanza un vaso sanguíneo pueden sangrar, a veces de forma muy
importante, poniendo incluso la vida en peligro.
Si llega a atravesar el estómago, el contenido del mismo puede desparramarse en
la cavidad abdominal, situación gravísima, o digerir los órganos con los que
contacta, provocando pancreatitis, pseudoquistes pancreáticos, fístulas
gastrocólicas (comunicación entre el estómago y el intestino grueso), ...
La úlcera perforada puede conducir a la muerte si no se actúa quirúrgicamente a
tiempo.
Pronóstico
Si se consigue erradicar el Helicobacter Pylori, se puede asegurar la
curación definitiva en la mayoría de los casos.
En los casos que no se deben a dicha infección, el tratamiento descrito permite
un control muy eficaz de la enfermedad.